domingo, 22 de junio de 2014

Fatehpur Sikri, Islam y medievo

Tras el paso por la feroz Jaipur, mezcla de ciudad industriosa y preciosa, dejamos Rajastán y nos adentramos en otra provincia interior, la superpoblada Uttar Pradesh, en la que se apiñan la friolera de 200 millones de personas. Muchísimas cosas para ver, pero en este recordatorio de mi viejo blog no me adentraré mucho. Solo será un sobrevuelo.

Nos dirigimos al inevitable Taj Mahal, pero antes hicimos una parada en la ahora decadente Fatehpur Sikri, pero que en otro tiempo fue capital del imperio Mogol y rivalizó con la impresionante Agra.


Fatehpur es uno de esos extraños pastiches que podría estar lo mismo en China, que en Irán, que ser parte de Samarkanda o contener pedacitos de la Alhambra.
Es una ciudad de la que se puede tomar ejemplo y que fue fiel reflejo de la desmesura del poder.
En unas cuantas hectáreas de terreno, los emperadores mongoles edificaron con gran ambición mezquitas, palacios y albergaron a miles de personas, pero sin tener en cuenta que tanta persona, tantos animales y un buen puñado de fuentes debían beber de unos pozos que se agotaron en menos de un siglo.
Sigue siendo lugar de peregrinación y asentamiento, además de parada en el camino de los hoy escasos musulmanes de India, ahora concentrados en unos cuantos puntos del inmenso país, buena parte en Uttar Pradesh.
Este constante movimiento de miles de fieles, unido a la escasa luz eléctrica, unos baños más que precarios y la falta de agua corriente da una imagen del lugar como un salto al medievo en pleno siglo XXI.
Hay puestecillos en los alrededores en los que se vende prácticamente de todo, hasta improvisados talleres de reparación de vehículos. También hay precarios albergues a base de lonas. De hecho la propia y espectacular mezquita sirve de dormitorio y sus alrededores de baño, lo que no le da un grato aroma precisamente.
Lo único bastante controlado es el protocolo con la vestimenta. Cada uno viste como bien puede, pero hay que seguir el protocolo musulmán en cuanto a la ropa, aunque con los hombres se es un poco menos estricto y sino no hay más que verme en la foto que hay bajo estas líneas.


Columnas y falsa bóveda


El patio Parchisi, de donde se supone viene el nombre del popular juego


Impresionante pórtico de inspiración persa

 

Como llegar: Hay transporte diario desde Jaipur y sobre todo de la cercana Agra. Aclarar que no deja en la zona monumental sino en la carretera por lo que se puede uno dar una caminata no muy larga o coger alguno de los populares motocarros.

Mapa aquí

sábado, 14 de junio de 2014

En el desierto del Thar


En el cafetín de Khuri no hacen falta sillas

El Gran Desierto del Thar es un vasto territorio en el que un día alguien dibujó una frontera, tras la traumática separación entre Pakistán e India.

Como todos los desiertos es lugar para dramas, como la partición de pueblos, o para otros no menos terribles, como la primera detonación de una bomba atómica india en 1974, que tuvo lugar en la zona más despoblada de este desierto de más de 800kms de longitud.

El desierto es una de mis pasiones. Es patria de los sin patria, de los pueblos nómadas, uno de los territorios en los que otros sin patria, como yo mismo, que no me siento más orgulloso o menos porque los colores de un documento que me identifica sean unos u otros, nos sentimos bien.



Y allá que fuimos, a cumplir con una tradición personal que debería ser obligatoria a todo viajero, como es dormir al raso, entre la escasa vegetación de acacias y plantas ralas, junto a la localidad de Khuri, un pueblecito en el que hay varios alojamientos económicos, tipo cabaña, otros no tanto y donde se practica el pastoreo de subsistencia y poco más.

Anocheció sobre el duro suelo del Thar, entre el sonido de aves y pequeños mamíferos que empezaban a salir, escarabajitos, polillas... Esa pequeña vida que bulle bajo la arena durante el día abrasador y que sale a la superficie por la noche.

Miles de estrellas acompañaron el sueño y luego un amanecer tras el cual desayunamos en el pueblo, en la pequeña tienda donde el tendero, a sus tiernos 11 años, nos habló de las largas familias de 8 y más hermanos, de su negocio, de la escuela y del futuro. Un té, unas galletas, unos bidis (Cigarrillo típico indio) para las amistades y otra vez camino.

Conversar en aprender, incluso sobre lo más nimio. Como observar a la gente de allí con sus bigotones o sus turbantes, sus dos señas de identidad, o sus pieles curtidas por la dura climatología de un desierto donde se llegan a alcanzar los 52ºC.

Aún con lo duro del clima, en la superpoblada India una zona desértica como esta es un remanso de paz, de silencio tras unas cuantas ciudades estruendosas



Quedan las ganas de volver, quién sabe si algún día, por alguna extraña coincidencia, a conocerlo desde el lado pakistaní.

Cómo llegar: Toma sus buenas horas en bus desde Bikaner, pese a que está relativamente cerca. Una buena opción en Rajastán, donde no circulan trenes en la mayor parte del territorio,  es el taxi compartido que se puede contratar en Jaisalmer, por ejemplo, por unos días para hacer el tour de las principales ciudades.

viernes, 13 de junio de 2014

Adorando a las ratas. Karni Mata, no apto para aprensivos.

- ¿Una taza de té?

Un amable ofrecimiento de un devoto hindú en un templo.
Un ofrecimiento que por una vez declinamos por el lugar en que se hizo: El templo de Karni Mata, consagrado a la adoración de esta diosa, personificada por los miles de ratas que lo habitan.
El lugar es la pequeña ciudad de Deshnok, a unos 40kms de Bikaner (Rajastán).

Karni Mata es una de las diosas relacionadas con Durga, hermana de Visnú que se suele identificar con la Madre Creadora o la Madre Tierra. Una más en la interminable cosmogonía religiosa hindú, en que se agrupan cientos, quizá miles, de dioses menores a los que adorar de las más diversas formas.

 Templo de Karni Mata, Deshnok



Aunque el templo es visitado por algunos turistas, en esta ocasión tuvimos el privilegio de ser los únicos que lo hicimos, escuchando las diferentes leyendas y supersticiones que hay sobre el mismo.

Llegar y toparse con todo el rosario de augurios es una sola cosa: Que si ver una rata blanca garantiza buena suerte para siempre, que es garantía de buena fortuna que una rata te pase sobre los pies, que son la reencarnación de almas en pena...

Probablemente el mito más increíble es que nunca se ha contraído enfermedad alguna a causa de las ratas del templo. Espero disculpen los devotos mi respetuoso escepticismo.

Lo cierto es que la rata se considera una especie de acompañante menor de algunos dioses (A Ganesha se le representa a menudo con una a los pies) y se relaciona con lo cotidiano, con los hogares, donde desde luego al menos en India, suele estar presente o cercana.

Puede ser por ello que el ambiente nos resultó bastante familiar, festivo e incluso transmitía una cierta sensación de jolgorio, frente a la habitual solemnidad que suele acompañar a los lugares de culto.

Igual no es muy buen sitio para dormir...

El templo en sí es valioso. Tiene 600 años, unas impresionantes puertas de plata y todo un mercadillo en torno a la devoción ratil en su puerta. Conveniente lavarse los pies después.

En el templo puedes asistir a rituales donde se comparte comida con las ratas, gente durmiendo plácidamente a revueltas de las mismas e incluso sadhus que comparten techo con los miles de roedores que pululan por cada rincón, bebiendo de cuencos de leche o devorando diversas ofrendas, cuando no devoran los cadáveres de alguna compañera. Esto último puede parecer asqueroso (peor es verlo), pero es una medida higiénica de autorregulación.




Todo India es lugar para no aprensivos, pero el templo de Karni Mata, habida cuenta de que se debe caminar descalzo, va para nota.



Llegar a Deshnok: Hay buses desde Bikaner, de donde dista unos 40kms, pero es más cómodo llegar en taxi compartido, puesto que la visita se puede completar en poco tiempo, a no ser que te quedes a comer.

Para localizarlo en un mapa pincha aquí

jueves, 12 de junio de 2014

Bikaner y Jaisalmer. Vivir como un marajá

El sentido de ser poderoso, de sentirse como tal, no es sólo serlo si no poder demostrarlo en toda la magnitud posible al pueblo llano, y si es con ciudades grandiosas y edificaciones apabullantes mucho mejor.

Es lo que, pienso, llevó a los rajputas, históricas dinastías de gobernantes de Rajastán, a edificar fortalezas inexpugnables por un lado, algo bastante lógico en un pueblo tan extremadamente belicoso como éste, y de una singular belleza, aunque no exentas de cierto toque kitsch, de un algo hortera que combina diwanes dignos de la Alhambra, con salones veresallescos. Todo ello recargado al máximo y decorado con un extraño batiburrillo de muebles, tapices, espejos, lámparas y todo tipo de armas espeluznantes.

También pone los vellos como escarpias introducirse un poco en la cotidianidad guerrera de los rajputas y sus espeluznantes suicidios en masa, que incluía quemar vivas a sus mujeres e hijos si la plaza iba a ser tomada.

Una estupenda introducción a la forma de vida de los rajputas son las ciudades de Bikaner y Jaisalmer, a las que llegamos atravesando el reseco terreno rajastaní, que en ese momento llevaba padeciendo cuatro años de sequía realmente dura, lo que es visto como un serio problema por sus pobladores, que poseen una de las más altas tasas de crecimiento demográfico de la India.
En el Oeste de Rajastán lo habitual es una media superior a los cinco hijos por mujer, llegando en la zona del Thar con frecuencia a 8 ó 10, lo que ayuda, y mucho, en el empobrecimiento general de la economía de la gente de a pie, amén de una de las tasas de analfabetismo más altas de India.


Bikaner es la hermana pequeña de Jaisalmer, al quedar la primera progresivamente despoblada por la escasez de agua. En este sentido su fuerte y palacios son posteriores y mejor conservados que el de Jaisalmer, cuyo casco histórico, por otro lado, es mucho más interesante. Paradójicamente esta hermana pequeña ha crecido mucho más que su predecesora y la ciudad nueva no tiene nada que envidiar al caos de otras ciudades indias.

Del recorrido propiamente turístico poco contaré por lo mucho que hay que contar, seguro habréis oído/leído maravillas y verlo en persona es confimarlo, pero sí se puede recomendar no perderse los mercadillos que se agrupan en torno a las murallas, donde comprar frutas, tomar un té o regatear por unas pulserillas de plata.

Tanto Bikaner como Jaisalmer tienen un toque a Oriente Medio, un algo de Persia, un mucho de Ruta de la Seda y la decadencia de todo el esplendor perdido de los rajás, marajás, maharanís y demás ralea.

Representan además el Rajastán más seco, con un clima más extremo y un calor que seguro padecerán todos los viajeros que, como nosotros, arriben allí en los últimos coletazos del verano, justo antes de la llegada del Monzón. Padecimos unos buenos 45ºC a ratos, lo que hizo un poco penoso el polvoriento recorrido al aire libre.


Palacios en Bikaner

En Jaisalmer, además, se puede establecer un primer contacto con el jainismo, con su peculiar visión religioso-filosófica de la vida en la que mediante una ética radicalmente no violenta y estrictamente vegetariana se pretende no alterar el equilibrio universal.
Un complejo de cuatro templos, en excelente estado de conservación, muestran la cosmogonía jaín al completo con todo lujo de abigarradas esculturas. 
El lingam, animales mitológicos, ofrendas y devotos vestidos de blanco inmaculado. Hay quien dice que los jainistas, o eso nos comentan en un puesto callejero, son gente especialmente acaudalada, pero los fieles de a pie realmente no lo parecen. Típica generalización que se puede aplicar a las castas sacerdotales de cualquier religión.

Interior de un pequeño templo jainista


También en Jaisalmer pudimos disfrutar de una celebración religiosa que incluyó cantos tradicionales de corte religioso y un avezado e imparable bailarín. Entre lo que pude entender, se incluían alabanzas a Hanuman o Krisna.
Justo antes del Monzón son mucho más frecuentes todo tipo de ritos propiciatorios que merecen la pena ser vistos y sentidos.


Havelis en Jaisalmer

Nuestros ojos y nuestros cerebros absorbieron mucha, mucha información, pero el viaje no había hecho sino empezar. Nos esperaban muchas cosas en una región árida de paisaje, pero no de sensaciones.


Desayunar: Tanto en Bikaner como en Jaisalmer no puedes perderte un té en alguno de los puestecillos callejeros bajo las murallas del fuerte.

Comer: En Bikaner, restaurante Amber. Rico, rico. Especialidad en thalis que se rellenan constantemente.

Qué leer: Pasión India, de Javier Moro. La historia de Anita Delgado, la española que terminó casada con el marajá de Kapurtala

miércoles, 11 de junio de 2014

Mandawa, esplendor pasado

La entrada a Rajastán fue tranquila, en una localidad relativamente pequeña, Mandawa, enclavada dentro de la región de Shekhawati, y que merece la pena una visitar, entre otras cosas, para comprobar la triste realidad de cómo una parte del patrimonio indio se está yendo al garete.
Aparte de la atroz miseria en la que vive buena parte de la población, la miseria cultural alcanza también al ingente patrimonio indio.


Shekhawati es una región de pueblecitos y pequeñas ciudades a un paso de Delhi. Se empiezan a ver los primeros camellos, múltiples rebaños de cabras y explotaciones agrícolas muy básicas. El camino a Mandawa no es cómodo y lo hicimos en coche, con el inefable Sanjay de chófer (Luego hablaré de él). El acceso en tren es complicado a esta zona y en bus no es recomendable por lo largo y agotador del trayecto.

Entrando en Mandawa. El de rojo del fondo con gorrita soy yo.


Buena parte del caserío histórico de Mandawa son preciosas havelis, mansiones tradicionales hoy reconvertidas en viviendas de alquiler, decoradas con exquisitas pinturas, celosías, balconadas interiores y columnatas. En la ruta del opio estas mansiones florecieron en otro tiempo, propiedad de ricos comerciantes que se alojaban en las mismas con legiones de criados y suntuosos muebles, pero lamentablemente hoy muchas son sólo una sombra de lo que fueron y parte de ellas se encuentran en ruina inminente.

Cuanto más hacia las afueras de Mandawa avanzas peor es el estado de las havelis, alguna de las cuales se han convertido en improvisado establos en los que las vacas se rascan el lomo contra los delicados frescos de las paredes.




Las havelis pueden verse en prácticamente todo Rajastán, pero este patrimonio es mucho más numeroso en Shekhawati donde circulaban constantemente de Oeste a Este el opio de Afganistán y en dirección contraria la seda china.

La ciudad se puede ver en un día y tiene pocos alojamientos, pero no por ello está carente de interés. De hecho conviene leer un poco más sobre ella y conocer del pasado esplendor de la misma y del proyecto que cito abajo.



Un proyecto solidario: La gente de la Fundación Amigos de Shekhawati están llevando a cabo una interesante labor de protección del patrimonio de la zona.


Dónde comer: En Mandawa os asaltarán “guías” dispuestos a enseñarte las havelis. Si insistes en no querer ir a un restaurante de turistas puedes comer en una vivienda local (Generalmente de su propia familia) por un precio muy económico.

lunes, 9 de junio de 2014

Delhi: humano, demasiado humano.

Quien espere un segundo de respiro ha venido al lugar equivocado.

Delhi se suma a la lista de megápolis asiáticas como Hanoi, Beijing, Teherán o Shanghai, teniendo en común con éstas un tráfico insoportable, una permanente sinfonía de pitidos y ruido y las mareas de gente de todas estas urbes, pero con el añadido de ser mucho más sucia que las anteriores y, por supuesto, con su propio bagaje cultural, en este caso la Incred!ble India, de la que hablan las campañas de publicidad del Ministerio de Turismo Indio.

Porque sí, en efecto, India es increíble y sólo se podría alcanzar a entender mínimamente según nuestros limitados ojos occidentales tras mucho tiempo de asimilación, lectura y convivencia, si es que la convivencia es posible en ciudades como Delhi, la vieja y la nueva. La destruida y reconstruida. La ciudad que vio morir a Gandhi y nacer el sueño de la India independiente y por la que pasaron mongoles, arios, británicos y toda suerte de aventureros cuya patria era el dinero o el saqueo.

Pese a su tamaño, a ser una ciudad que se antoja inabarcable, sus puntos de más interés pueden recorrerse en dos o tres días, habida cuenta de que, salvo forma física extraordinaria y un inaudito sentido de la orientación, será imposible hacerlo a pie.

Pahar Ganj, barrio de alojamientos populares y mercados que nosotros encontramos en una especie de remodelación, con las alcantarillas al aire y derribos que dejaban viviendas al aire y tiraban tiendas con el género dentro, pude ser un buen punto de partida.

Porque este viaje no es sólo de este blogero solitario, como no lo son la inmensa mayoría de las fotos que vereis aquí, sino también de Ana, compañera, amiga e infatigable viajera.


Aprovechen, que nos verán poco.

De Pahar Ganj salimos el primer día en acelerado tour para encontrarnos con la Puerta de la India, el Parlamento y la limpia zona institucional, lugar donde íbamos a comprobar lo que sería una constante durante todo el viaje, que el turismo que va uno encontrando en la temporada baja, época del Monzón, es esencialmente de la propia India. En estos espacios la gente mayormente se saca fotos, merienda, pasea, algo impensable en el resto de Delhi... Para una visita más o menos rápida de esta zona, si queremos añadir lugares un tanto lejanos, es mejor contratar un ricksaw o taxi durante una mañana o bien prepararse para la caminata de tu vida.

Mucho más lejos merece la pena una visita al Templo de Loto, un espacio de la peculiar religión Ba’Hai, un extraño híbrido religioso nacido entre Irán y la actual Israel, que tiene su sede central en Haifa y aquí un espectacular templo con horarios bastante restringidos.


 Templo de Loto, una cosa rara

Una propuesta de caminata:
Para los muy aguerridos, desde Pahar Ganj una propuesta interesante puede ser remontar la insoportable avenida Nehru para difrutar del verdadero ambiente de la ciudad y llegar, previa parada para tomar té en alguno de los chiringuitos de camino en los mercados que se atraviesan, al Museo Gandhi. Un lugar ideal para hacer un poco de mala leche, habida cuenta de la situación actual del país y de sus patentes desigualdades sociales. Con que se aplicaran los puntos propuestos por Gandhi en 1931 ya se obtendría un avance social más que considerable, pero parece que de Gandhi queda este interesante y documentado museo y su lugar de cremación, el Raj Gath, un parque donde relajarse y meditar, en el que están los lugares de cremación de Gandhi, Nehru, Indira Gandhi y sus hijos, todos ellos asesinados por militantes de los diferentes conflictos políticos que agitan, aún hoy en día, el subcontinente.
De la historia reciente de la India podemos dar un salto a su pasado y presente musulmán, con pasar una avenida y caminar unos 500 ms hasta la Jama Masjid, la mezquita más grande de la India, de clara inspiración persa.
¡Ojo! La entrada a la mezquita es gratuita. Se cobran 200 rupias por la cámara, pero no 200 a cada miembro del grupo que entra y si nadie lleva cámara el coste es cero. Pequeña discusión tuvimos por ello. Y no olvidar que es una mezquita, ni shorts, ni hombros al aire, ni similares o también pagaréis por el consabido pareo o mantón, según vuestro nivel de “descoque”.
¿Aún no estáis cansados? Pues nada como acercarse al Fuerte Rojo, a ver ondear la bandera india sobre la puerta principal, símbolo del orgullo patrio y de una de las proclamas nacionalistas: India no lo sería hasta que la enseña del país ondeara encima del bastión del Fuerte Rojo, símbolo un tanto deteriorado del pasado mongol de la ciudad.

Otros lugares que se pueden recorrer en un tiempo más o menos breve, son el templo sikh de Bangla Sahib, con una atención exquisita a los turistas que lo visitan, que incluye folleto gratuito en castellano explicando la peculiar filosofía de esta minoría religiosa originaria de Punjab. Y por supuesto la tumba del emperador mongol Humayun, muestra del momento de máximo esplendor de los mughal en la ciudad. Este pequeño Taj Mahal merece un recorrido tranquilo para disfrutar todos sus rincones.


Pero qué mejor que ir y verlo. Delhi quizá no sea un sitio para grandes goces de los sentidos como otras capitales asiáticas (Desde luego bien poco que ver con Jerusalén, Damasco o Hanoi) de hecho tiene un algo deprimente en su exceso de humanos y en su falta de humanidad.

Que alguien se estrelle y nadie de los cientos de personas que pasen por la calle se inmute, salvo la guiri solidaria que recoge sus llaves caídas y se preocupa por el accidentado, como quien escribe pudo ser testigo, revela a lo mejor que Delhi es, como decía Nietzsche, humano, demasiado humano.


Qué ver en Delhi: Tumba de Humayun, Templo Birla Mandir, Jama Masjid (Mezquita del Viernes), Fuerte Rojo, Museo y gath de Gandhi...

Un lugar donde dormir: Hotel Diamond, Bº de Pahar Ganj diamonddxgh@yahoo.com

Dónde comprar: People Tree http://peopletreeonline.com/. Parte de los beneficios de esta tienda van a proyectos solidarios y todos sus productos son de comercio justo.
Spice Maker (Amit Goel) en Pahar Ganj, un chiringuito de especias que vende té de procedencia ecológica.

Qué leer: City of Djinns de William Dalrymple. En castellano en Ediciones B con el título de Ciudad de Djinns. Un Año en Delhi.

Vuelta a casa. Hasta pronto, Sáhara

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Empezaba el blog hablando de la necesaria memoria, de viajar, mirar y tomar nota. De la importancia que tiene para mí el no ser un simple observador pasivo, sino contar lo que veo y tomar partido. Al hilo de esto creo que nos vendrá bien un ejercicio de memoria, que puede ser útil para hacernos una composición de lugar de la injusticia social y económica cometida en el Sáhara.
En los años 70 y 80, cuando la posible independencia del Sáhara estaba en el candelero, alguien se molestó en sacar cuentas de los ingentes recursos económicos de lo que había sido el Sáhara Español.
Teniendo en cuenta la producción de fosfatos, los grandes bancos de pesca y una incipiente agricultura, a lo que había que sumar el recurso de la energía solar, en aquel entonces en pleno proceso de desarrollo, dividido por la escasa población del territorio salia una renta per cápita similar a la de Kuwait.
Ahora bien, la realidad hoy en día es muy otra.
165.000 saharauis viven aún refugiad@s en los campos de Tindouf en Argelia, separados por el muro que ha construido Marruecos. Los miles que viven en el territorio mantienen su cultura, lengua y costumbres pero desempeñan los oficios más humildes o bien siguen viviendo de la pesca de subsistencia o el pastoreo nómada de camellos y cabras.
Respecto a los marroquíes asentados en el territorio, si no son militares o gendarmes (Que son legión), regentan pequeños negocios o bien tienen trabajos muy duros generalmente en la pesca o la minería. Eso sin contar la gran bolsa de desempleados, provenientes de grandes ciudades, que viven de trabajos esporádicos y que yerran por un territorio que no es el suyo.
Así pues, lo que podria ser un país próspero es una de las regiones más pobres de Marruecos a mayor gloria de las importadoras de pescado o las multinacionales de los fosfatos, cuyos beneficiarios puede que ni tan siquiera sepan situar Laayoune, Dakhla o Smara en un mapa.
Pero los saharauis miran al futuro, como yo ahora miro hacia Zaragoza, mi ciudad y mi realidad. Como las dos mujeres de la foto miran al Atlántico envueltas en sus melhfas. Como yo miro, si me dejan, siempre un poco mas lejos.

Post data

Noticias de Laayoune


Escribe Circoa desde Laayoune (Lo pego debajo), mientras otras tres ciclistas han emprendido un viaje similar al mío, recorriendo aquella tierra que se me hizo tan querida, donde la injusticia de un pueblo exiliado sigue clamando por injusticias como ésta:
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=538435
Mucha suerte, muy especialmente a Pili, que me facilitó mapas y topografía para mi recorrido saharaui.
6.11.2009
Que pasa cuando uno es incapaz de explicar y abarcar una situacion que no le pertenece, que no sufre, pero sin embargo se encuentra en ella. Como en una pelicula de ciencia ficcion donde golpean (sin sangre) a los personajes en batallas  cosmicas y la gente disfruta en las butacas de un cine con mas de 3500 luces en el centro comercial de moda de sus ciudades.
Igual? Los personajes estan aqui delante mio, me ensenan las cicatrices de sus batallas, me cuentan las historias interminables de su dia a dia, y a la vez preparamos la comida, el te, reimos y bailamos; nos miramos a los ojos como seres de planetas diferentes y nos abrazamos fuerte, como deseando que por fin algo de aqui y de alla se toque, se equilibre.
"El problema", los personajes estan en mi corazon, bien asentados desde hace ya algunos anos. Entonces: como separar realidades, como estar aqui sin estar alli, y como normalizarlo, sin tener mi cabeza aqui.
Inevitablemente, esta visible el otro bando, me permito decir el de los "MALOS", ellos estan en las calles, se pasean libremente con su traje superespacial, con todos los complementos que requiere su papel: pistola o metralleta, porra, cinturon portabalas y un millar de bolsillitos que la verdad ni quiero saber que guardan.
Cabeza de malo bien alta, sin sonrisa por supuesto, el papel de torturador nunca lo puede hacer alguien risueno.
Ellos golpean, persiguen, torturan; vigilan, violan, manipulan,... ese es su trabajo, con salario mensual por supuesto.
Mientras continua la batalla en las calles, yo permanezco aqui, en sus casas, conversando, posponiendo mi vuelta a marte, planeando con mis companeras saharauis un futuro mejor, porque este es nuestro papel decisivo (y aqui os cito con todo mi carino amigas radiofonicas), somos mujeres que conectando luchas trabajamos para lograr el mundo que deseamos.
Simplemente: JUSTICIA.


Un abrazo muy fuerte desde las calles de El Aiun ocupado, capital del Sahara Occidental.
CIRCOA

domingo, 8 de junio de 2014

2009 Sáhara en bicicleta (IV)

Séptima etapa: Playa Ntirift-Río Aguila (75kms)

 

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Ruinas de fortificaciones y de un pueblo de pastores a la entrada de Oued Eddahab

A un paso de Dakhla!
Hoy el viento ha sido terrible. Rachas laterales y frontales que traian arena que latigaba y quemaba la piel. Mis piernas estan rojas como un tomate y a ratos he pedaleado con manga larga y la cara totalmente envuelta como un tuareg.
El camino discurre serpenteando entre la costa y el interior asolado del desierto, con la única poblacion de Ntirift por medio.
Ntirift es una nueva colonia de pescadores viviendo en condiciones deplorables, sin una triste tienda, ni servicios sanitarios básicos, recogida de basuras o alcantarillado. Cerca del asentamiento de jaimas y chabolas la llamada Agencia para el Desarrollo de las Provincias del Sur de Marruecos ha construido un pueblo con su mezquita y su ayuntamiento, pero de momento permanece desierto y no lleva poco tiempo construido. Le ha dado tiempo a oxidarse a las puertas incluso. Permitidme que no entienda nada.
Por lo demás la entrada a la península donde esta Dakhla ha sido impresionante, con la extensión del arenal de Oued Eddahab y el abandonado pueblo frente al arenal, con sus restos de la presencia militar española y, de nuevo, la antigua carretera colonial, semicubierta por la arena, por la que he transitado un rato.
El viento terrible me zarandeaba como una vela. Los coches pitaban y me daban ánimos. No ha faltado incluso dos que me ofrecieran a montar mi bici y llevarme hasta Dakhla, pero mi meta es llegar en bici, sino no tiene gracia.
Finalmente paro en Río Aguila, frente a un plácido islote, rincón de surferos, que también hacen plounge, una variedad con una especie de cometa gigante que parece muy divertida. Bañito helador en el Atlántico y toneladas de aftersun a mi maltrecha piel.

Octava etapa: Río Águila-Dakhla (32kms)

 

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Llegada a Dakhla

Tras una noche en que los fiesteros del surf me dejaron dormir regular tirando a mal, emprendo de nuevo mi camino a Dakhla, a tan solo un paso.
Por fin el viento me da un poco de tregua e incluso sopla a favor, por lo que me planto enseguida en el nuevo control policial a la entrada de Dakhla.
De camino, cultivos e invernaderos dan imagen de una zona en un cierto desarrollo, al margen del timido auge del turismo. Algunos campesinos que me saludan con curiosidad y una febril actividad en torno al desvio a la importante zona portuaria y pesquera.
La primera impresion chocante nada mas entrar a la ciudad, el aeropuerto pegado a las casas literalmente y un Atlantico precioso, con todos los matices del verde y el azul, agitado por una brisa que sopla desde la cercana Mauritania, nuevo puerto de cayucos.
Pero bueno, el caso es que ya estoy aqui!

Dakhla, lugar para relajarse


 

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Hora de la siesta en la Pza Ghurb

Dakhla, la antigua Villa Cisneros de los españoles, reposa tranquila a orillas del Atlàntico, agitada generalmente por un viento que refresca un poco el implacable sol.
Es esta una ciudad de toque indolente donde se combina una desconchada herencia española en edificios como las antiguas instalaciones militares, con cierto toque de castillo medieval fuera de lugar, la iglesia (Ahora cerrada) justo frente al lujoso hotel Sahara Regency o rincones como el Cafe Valencia o el Hotel las Dunas.
Tampoco falta el toque musulman, con especial encanto en la transitada Plaza El Ghurb, con su mezquita un tanto desconchada, pero, paradojicamente mas frecuentada para la oracion diaria que la flamante nueva mezquita del Paseo Maritimo.
Y es una ciudad con mar, un Atlantico que muestra el camino a Mauritania, casi enfrente mismo de la ciudad, bordeado por el reciente paseo maritimo y sobre todo de innumerables factorias dedicadas a procesar el pescado proveniente de los ricos caladeros saharauis. Factorias que muchas veces tienen nombre extranjero.
Tomo te con Ahmed, economista, que me cuenta en perfecto castellano como esta es una zona de mucho flujo economico, pero sobre todo migratorio, lo que tambien estimula al primero.
Es cierto. Por la calle abundan los mauritanos, que se entienden en Hassania, su idioma comun, con los saharauis. Es curioso, y no se a qué se debera, pero la mayor parte de la gente mauritana regenta fruterias o vende especias.
Hay tambien senegaleses, gambianos e incluso conozco a Fatah, que me vende espuma de afeitar con la que remedio mi barba de diez dias, que es de Mali. Bromea diciendo que ha llegado desde Tombuctu en un camello.
Como de costumbre en estas latitudes, la ciudad duerme una larga siesta y resucita al atardecer, con terrazas abarrotadas, zocos y un cierto aire de jolgorio general.

Un paseo por la península de Dakhla (39kms)

 

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Como llegue un dia antes de lo previsto, que menos que dedicar un ratito a conocer los alrededores de la ciudad de Dakhla y la península donde está ubicada.
Asi pues, ni corto ni perezoso volvi a montar las alforjas en mi bici y empece con la intencion de dirigirme, tras visitar la zona industrial, al antiguo faro español.
Comence saliendo de la ciudad por el humilde barrio de Al Irfane al deprimente suburbio de Essalam, en el camino del Puerto Pesquero de Ilot.
Hay planes para reformar Essalam, pero Mubarak, habitante del barrio que habla español bastante correcto tras trabajar varios años a las ordenes de un capitan gallego tocayo mio, no lo ve muy claro.
Me cuenta de su paso por todos los puertos de la costa marroqui, saharaui e incluso mauritana. Tambien de la importancia de las instalaciones pesqueras de la zona y de lo complicado de llegar al faro.
De todo ello soy testigo a posteriori. Ciertamente las instalaciones portuarias son inmensas y las fabricas tambien. Un verdadero laberinto de naves, por cierto bastante sucio. Constante trajin de todo tipo de vehiculos: Desde carros con su burro a trailers de alto tonelaje.
Los intentos de acceder al viejo faro se convierten en un verdadero problema. La arena me atrapa las ruedas y finalmente me quedo a un par de kms. Lo que podria ser un agradable paseo se ha convertido tambien en un basural hediondo.
Pero al menos no me pierdo unas hermosas vistas del Atlantico en todo su esplendor y brillo y pienso en aquellos que, a solo unos kms de aquí, abordan el sueño europeo en cayuco.

Tirón de orejas a la ONU

 


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Como ya he comentado, en toda la zona del Sáhara funciona la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental). MINURSO está encargada de la limpia celebración de un referéndum, que lleva posponiéndose desde 1975, en que el pueblo saharaui pueda decidir sobre su autodeterminación.
Aparte de que su eficacia con el tema de momento es casi nula, me he llevado una impresion un tanto desfavorable de esta delegación.
No digo que vivan en una jaima o un arrabal de chabolas, pero hasta el momento la práctica totalidad de los coches oficiales de la ONU, fácilmente reconocibles por sus siglas UN y su color blanco, que he visto estacionados ha sido en la puerta de los hoteles mas exclusivos del Sahara, como el Al Massira de Laayoune o los de la foto superior, en el Sahara Regency de Dakhla.
Sin más comentarios.

El vieno Laayoune y el oasis de siempre

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Viviendas tradicionales en Hatarrambla

Tras un nuevo viaje en los buses saltarines por las parcheadas carreteras saharauis, nueva visita a Laayoune, esta vez con mas tiempo para recorrerlo.
Históricamente, Laayoune se construyó a orillas de Saguia Al Hamra, literalmente el río/torrente rojo, por el color de la arcilla de la zona. Es en torno a esa acumulación de agua, convertida ahora en pequeña represa que almacena agua usada para riego mayormente, donde se puede ver lo que fue la ciudad colonial española y disfrutar de rincones con bastante más encanto que la funcional ciudad actual.
Básicamente la ciudad estaba claramente dividida en la zona donde vivían los españoles, casi todo militares, que aún conserva rinconcillos curiosos, como viejos cafetines, tiendas y los bares donde se servía alcohol, hoy cerrados. También conserva algunas de las placas de las calles, verdaderas reliquias descoloridas, en castellano.
Cómo no, la colonia tenia una parte administrativa y militarizada, que básicamente ha sido reciclada por las autoridades marroquíes, incluyendo la iglesia, ahora en obras, que supongo permanece cerrada, sobre todo si tenemos en cuenta la ínfima comunidad cristiana potencial usuaria.
Y queda el arrabal musulmán, llamado en aquel entonces Zemla. Un abigarrado conjunto de casitas, que los saharauis han ido adaptando a su manera, con plantas, azulejos y pequeñas reformas. El aspecto es un tanto rural, con mucho encanto, calles en cuesta que bajan hacia la Saguia y algunas casas muy peculiares, de construcción abovedada y unidas entre sí, con un corral interior.
De allí, una corta pedaleada me lleva al oasis de Fadachel que, con la rápida expansión de la ciudad, cada vez se encuentra más cerca de las casas y, sobre todo, los polígonos industriales.
Un rincón con agua, flamencos y garzas, palmeras e ingeniosos métodos para frenar la arena, ir repoblando y tener cultivos ocasionales. Una extensión de dunas se extiende hasta el mar. El paisaje tiene algo de desierto clásico, de película, con viento agitando las crestas de las dunas, que cambian de colores caprichosamente. La luna llena dio toda la noche una claridad estupenda y me acompañó no solo a mi, sino a varios saharauis que, tradicionalmente, vienen a dormir al Badia, según me explicaron, especialmente en noches de luna.

Algo para leer

 

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Dunas en el erg cerca de Fadachel
Durante este viaje me ha acompañado un libro que creo merece la pena leer.
El Imperio Desierto de Ramon Mayrata. Trata sobre la descolonización del Sáhara Occidental por los españoles, un triste episodio (Sobre todo para los saharauis) escrito en plan novela, pero con todo el rigor de la historia de una persona que vivio todo aquello en directo y que es muy util tambien para conocer algo de la forma de entender la vida de los saharauis.
Por supuesto me han acompañado otras lecturas, pero creo que esta es necesaria, precisiones al margen de su calidad literaria, mas que aceptable.
Es curioso comprobar que la novela tiene ya 17 añitos, pero se puede leer tanto si hubiera sido publicada en el 77 como el año pasado. La historia es de plena vigencia y nos puede enseñar algunas cositas, que siempre se agradece.
Está editada además dentro de una colección especializada en el tema, como es Sgarit, las voces del desierto. Imprescindible.

Algunos datos prácticos. Retornando...


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Ya toca despedirme de Laayoune, tomar carretera (Y menuda carretera) y plantarme en Marrakech, para definitivamente volver a Zaragoza.
Pero no quiero despedirme de este viaje sin un par de cosillas. La primera unos cuantos datos prácticos sobre alojamientos y transporte en el Sáhara.

Hoteles
No tienen por que ser los mejores pero si los que yo recomiendo por cosas como relación calidad-precio, limpieza o economía, sobre todo lo ultimo, tacañete que es uno.
LAAYOUNE:
Zimmour: Por algo más de seis euros habitacion individual. Limpio, cómodo y con una estupenda cafetería en la planta baja. Frente a complejo Las Dunas. La ducha esta incluida.
Dcheira: Junto al Zimmour, algo mas económico, pero también con personal muy amable y con su saloncito con la tele a volumen atronador.
Essaleh: A la entrada al zoco. Realmente muy barato, unos tres euros la noche, pero mejor acudir si no queda otra opción, como fue mi caso. Eso sí, muy corteses.
BOUJDOUR:
GOS: Sin duda una agradable sorpresa este hotelito en un viejo caserón de tiempos de la colonia. Cuarto con tele y mobiliario peculiar y recepcionista octogenario encantador. Buenas vistas al faro. 70 dirhams la individual.
LACRAA:
Gasolinera PNA: En este sitio se puede dormir, aunque yo no lo hice, pero no deja de ser una solución de emergencia puesto que esta a pie de carretera y en un punto donde los hoteles mas cercanos están a más de 100kms. 40 dirham. Un poco cuchitril.
DAKHLA:
Sahara: No confundir con el hiperlujoso Sahara Regency. En una plaza con mucho ambientillo y vistas al mar. 60 dirham individual limpia y tranquila. A un paso de los buses de Supratours.
Imlili: En la zona del zoco también. Algo más barato, pero limpio y con el ciber al lado. Paran los buses de CTM a 10ms.
DUCHAS: El agua es un bien precioso en el Sáhara. Dejar claro que ni se os ocurra beber del grifo. Ni los propios lugareños lo hacen. Es por ello que en los hoteles, salvo en los de gama alta y en aquellos que lo especifican, se suele cobrar la ducha aparte, que es más cara que un café o un refresco en terraza. Suele costar 10 dirham.
BUSES: Hay solo tres compañías y conviene reservar con tiempo o te puedes quedar "colgado" como ha sido mi caso. Un trayecto Laayoune Marrakech cuesta 300 Dh. 170 más si es desde Dakhla. Personalmente recomiendo Supratours. Tambien están CTM y Satas, esta última para valientes, con sus buses-cafetera.
COMER:Sería muy difícil seleccionar un sitio, pero hay algunos impresionantes por su calidad y variedad, como Casa Luis en Dakhla, si os quereis dejar un poco más de dinero de lo habitual (60Dh menú de pescado o marisco). Para una dieta vegetariana lo más recomendable es acudir a la tradicional Harira y otros tipos de sopas y las pizzerías. Ya sabéis que las frutas y verduras crudas pueden ser peligrosas, pero las hay asequibles en los mercados callejeros y se pueden desinfectar con unas gotas de yodo o lejía alimentaria.

viernes, 6 de junio de 2014

Julio 2009. Sáhara en bicicleta (III)

Cuarta etapa: Boujdour-Iraifia (69kms)

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Vista de Cabo Boujdour

Empece la etapa dándome cuenta de que no eran 300 sino 340 los kms que me separaban de Dakhla. Pero peor podría ser.
De salida, nuevas explotaciones de fosfatos, una nueva mina encontrada a un paso de Boudour y ya en plena explotacion.
Durante todo el camino, sobre todo los primeros 40kms, me acompañan acantilados de vertigo, preciosas vistas del cabo Boujdour, con la ciudad al fondo. El calor mas bien moderado y reposo a mediodia, como de costumbre.
Llama la atencion como se reduce el trafico, siendo casi exclusivamente de camiones y buses. Al lado de la carretera y al borde de los acantilados, eso si, aparecen pescadores caminando, a veces cargados con el fardo de su pesca. Saludan. Pocos de ellos hablan otra cosa que no sea arabe o Hassaniya. Los mas mayores unas pocas palabras en castellano. Los de origen marroqui, un poco de frances.
Cerca de la llegada esta el antiguo oasis y pueblo pescador de Iraifia, aunque ahora mismo deshabitado, generando uno de los nuevos pueblos de colonizacion que esta creando Marruecos y que de momento son aldeas fantasma.
Termino durmiendo a un paso de un acantilado. Un atardecer increible y un ameno rato de conversación (En la medida de lo posible) con dos pescadores.




Fútbol, fútbol, fútbol

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Los señores de la foto no esperan que les regalen nada, ni es un mitin o una arenga religiosa del mullah de turno.
Todo este público y mucho mas, se concentraba en las calles de Boujdour por un buen sitio donde ver la final Brasil-USA de la Copa Federaciones de Sudáfrica.
Estés donde estés y más si dices spanish te van a hablar de fútbol, de si el Barça o el Madrid, de Messi, Iniesta, Raul, Etoo. Lo mismo da un cafetín en Ispahan, que un mercado en Bogotá o un pueblo de pescadores en Vietnam. Respondes con lugares comunes: que si tal equipo tiene mejor delantera, que juegan mas bonito. En el Sahara no es una excepción y eso que muchas personas de aquí no han pisado un campo de hierba en la vida.
Pero, guardadme un secreto. No me gusta el fútbol. Nadie es perfecto.

Quinta etapa: Iraifia-Lacraa (111kms) ¡El etapazo!


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Para los mas valientes. 165kms de pista de tierra a traves del desierto.

Creo que el titulo es bastante descriptivo y cuesta muy poco entender el motivo de este etapon, con un viento de cola de mas de 50kms/h que me llevaba sin pedalear a unas velocidades improbables para el cicloturismo de alforjas de hasta 35 por hora.
La etapa ha tenido su parte positiva en el recorrido, nuevos encuentros con pescadores y un desierto mucho mas inclemente, con zonas de nula vegetación, arenales interminables y calor sofocante. Aun asi, los sempiternos camellos indican que en algun sitio hay agua y pastores que se internan en este duro medio para hacerse cargo de estos animales, verdadero 4x4 del desierto.
Tambien he atravesado la entrada a la carretera de tierra que cruza dos provincias del Sahara hasta Bir Azarane y que no hace tanto, enlazaba con Mauritania y luego Tombuctu.
Lo negativo: Me robaron el movil en un pueblito llamado El-Buir, probablemente una cuadrilla de chavales marroquies que merodean en torno a las paradas de camiones, mendigando comida, un cigarro o haciendo pequeños trabajos relacionados con la pesca.
Me asombra la desubicacion de estos chavales marroquies, procedentes de los lugares mas diversos y que terminan en mitad del Sahara sin nada que hacer, en un medio que les es totalmente ajeno, pues suelen ser de grandes ciudades de lmas que son expulsados por sus problemas con la justicia o abandonan ellos mismos.
No les guardo especial rencor, aunque es un problemilla en cuanto a comunicarme, teniendo en cuenta que el Buir y Lacraa son los dos unicos telefonos disponibles en casi 200kms. Gracias al amable gasolinero de Lacraa que me presto su movil para anular el mio, por cierto. Para quienes me leeis y no lo sabeis, por eso no os llamo.
Finalmente dormida en Lacraa, pueblo de pescadores y lugar con cafeteria y estupenda cena.



 Sexta etapa: Lacraa-Playa Nfirit (78kms)

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Pescadores en Playa Ntirift

Arena y más arena. Una extensión interminable de desierto sin un solo pueblo.
Paso el día envuelto en el izam, pañuelo tradicional saharaui, para que la arena que viene racheada no me maltrate tanto la piel.
Tras un buen trecho unos pastores me indican lo que yo entiendo un oasis, aunque agua tengo en mi depósito y no espero sea potable sin tratar. Lo que si espero es encontrar un remanso de agua  con palmeritas, pero encuentro un par de humildes charcas con juncos alrededor. Objetivamente hay agua y rebaños de cabras y camellos que la aprovechan. No hay que ser tan peliculero, ni pensar que las cosas son como las imaginamos. Para las gentes del desierto esto es un tesoro, sin duda.
Glups! Se colgo el ordenador! Pero aqui sigo tras un rato y un te...
Me llama la atención la llegada a un punto que conserva su nombre en castellano, mezclado con árabe, pero sobre todo los campamentos de pescadores, malviviendo en condiciones infrahumanas en lo que en un principio he pensado era un campamento de refugiados.
La pesca es un recurso que genera muchos millones de euros, pero los pescadores no los disfrutan tanto por lo visto. Eso si, dinero para construir la cercana planta de procesado si que parece haber. Lo recordare la proxima vez que vea una conserva de pescado.

Visitante nocturno


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Como ya dije, en el Badia hay vida nocturna, pequeña, discreta, silenciosa.
Me parece estupendo, pero otra cosa es que pretendan viajar de gorra o comerse la comida de mi tienda.
Supongo que este jerbillo lo entenderia asi, cuando lo eche de mi tienda despues de que me despertara con sus patitas sobre mi pecho.
Menos mal que no era una serpiente.

miércoles, 4 de junio de 2014

2009 Sáhara en bicicleta (II)



Primera etapa: Laayoune-Tarouna (85kms)





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Probando la hospitalidad

Hay que sacar aprendizajes de cada etapa. El primero en esta ocasión, y bastante importante, es tener mucho ojo al internarse en la hammada (Desierto pedregoso, lo contrario del erg, desierto de dunas), sobre todo cuando eres un guiri y vas en bici.
Los caminos, por llamarlos de alguna manera, estan pensados para la pezuña del camello, los duros pies de los saharauis o los 4x4.
De lo contrario puede ser que termines metiendo la rueda en una trampa de arena y besando el suelo con alforjas y todo, como un servidor. Por fortuna sin mayores consecuencias. Se caer con mucha tranquilidad.
A la salida de Laayoune nuevo control y una vista a una pequeña zona de erg. Por lo demas una etapa con desvío a la playa de Foum-el-Oued, incluyendo un té gracias a la hospitalidad de Salem y Abdoul. Salem deja las cosas claras y la frase me sorprende: Abdoul es amigo, pero yo saharaui y el marroqui. Abrazos para los dos.
Disfruto de las primeras vistas del Atlántico desde el interior del desierto, rebaños de camellos, gente que te saluda y El-Marsa (puerto) de El Aaiún, dedicado a la explotacion de los generosos recursos pesqueros del Sahara y a la exportación de fosfatos.
El viento del océano sopla a mi favor de momento y me refresca. Aprovecho esta circunstancia para dormir unos kms mas alla de Tarouma, lugar de pescadores, pero sobre todo de pateras que ahora ya no salen de alli (en teoría, claro, no se lo van a contar a los turistas)  por lo que el pueblo se ha vaciado de habitantes y llenado de militares. El Estado Marroquí esta invirtiendo en la zona para explotarla turisticamente, pero de momento las obras parecen paradas.
Un negocio desaparece. Otro viene. Del viaje forzado por la pobreza al viaje de placer.

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Quien no ha pasado una noche solo en el desierto debería probarlo.
Los sentidos se agudizan. Se escuchan sonidos de la leve vida nocturna y se respira el leve aroma de las plantas crasas.
Se siente el agudo viento nocturno y el cielo tiene más estrellas de las que se pueden contar.
Si encima despiertas como en la foto. Qué más se puede pedir.
Fosfatos 
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Instalaciones de procesamiento de Fosfatos en el-Marsa

Seguro que más de uno de los que leaís esto habréis oído hablar de los tejemanejes en torno a los llamados diamantes de sangre o al Coltan, que provoca guerras terribles en varios paises de Africa.
El Sahara tambien tiene su propia historia oscura en torno a un mineral mucho mas humilde, pero que produce cuantiosos beneficios, sobre todo a la corona Alaui y que tambien cuesta vidas y conflictos.
Son los fosfatos, extraidos en las minas de Bou Craa, cerca de Smara, y transportados por 200kms de cinta transportadora hasta el puerto de El-Marsa.
Todo tipo de productos basicos precisan de este humilde mineral, desde detergentes a abonos. Un mineral que es uno de los motivos del actual estado de las cosas y de la inmensa fortuna personal de Mohamed VI.

Segunda etapa: Tarouna-Lamsied (83kms)

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Camellos cerca de Lamsied

El camino se hizo duro un buen rato hoy porque, tal y como me habían pronosticado, soplo el Ifirit, un viento que viene del interior del Badia (Desierto) y que aplatana a cualquiera.
Arribé a Lamsied, cuatro casas y una gasolinera, con la lengua a rastras pero contento tras una pequeña charla con una animada familia franco-uruguaya que seguian hacia el sur, a Mauritania.
Los coches y camiones saludan y alguno hasta para con la sana intencion de saber que se le ha perdido a este tio por estas soledades. Lo mas chocante del dia es el conato de algunos saharauis (que hablan castellano) por expresarse en Inglés cuando yo les respondia en castellano y me entendian perfectamente y si les respondia en inglés les parecia demasiado dificil. Que cosas.
Tuve que dormir en una sebja, especie de hoyo formado por las tempestuosas aguas estacionales y los rios que viven cortas primaveras en que se llenan para secarse en verano.

Primera etapa: Lamsied-Boujdour (47kms)

 

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Entrada a Boujdour. Pero como se puede ser tan hortera...

Parece que no soy el unico cicloturista en la ruta.
Hans y Michael vienen desde Gambia con sus bicis. Miles de kms, un recorrido increible. Me los cruzo cerca del puesto de control de Boujdour, a la entrada de la ciudad, donde me identifican por enésima vez. Menos mal que por lo menos son bastante amables.
Boujdour tiene un toque perezoso, algo colonial. Llena de militares y con alguna remembranza a lo que fue la colonia española, como el hotel en que me alojo, el hotel GOS, caserón colonial con muebles, moqueta y cortinas estilo inglés que realmente parecen fuera de lugar.
El agua que sale de los grifos es como salida de una charca, pero prometen mejorarla, o eso dicen los carteles de las obras.
Marruecos pretende hacer de la antigua Bojador de los españoles un atractivo turístico y bien podría serlo con su antiguo faro y sus terrazas indolentes donde cumplir el ritual del té.
Compro muchas provisiones. Nuevos encuentros con saharauis. Un té en el cafetín las Canarias y clases apresuradas de Hassaniya (Dialecto arábigo que usan los saharauis y los mauritanos). Sonrisas y apretones de manos.
Si hay algo para no perderse en ningún caso en esta ciudad, o más bien pueblo grande, es el mercado nocturno. Al atardecer empiezan a instalarse montones de puestos de ropa, fruta fresca, carne económica sobre todo de camello y ferreterías improvisadas en una esplanada.
Mauritanos, senegaleses, gambianos, bereber de diversas tribus... hasta personas de origen tuareg hacen sus compras y luego se pierden en el desierto.

300 kms a Dakhla

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La cifra impresiona.
Es más o menos lo que me queda sin poblaciones destacables por medio. Espero que el viento no me maltrate y los espíritus del desierto, que dicen pululan por aquí, me sean propicios.
Ishn Allah!

martes, 3 de junio de 2014

Junio 2009. Sáhara Occidental en bicicleta (I)

Historia triste de un desierto

La historia reciente del Sáhara Occidental es la historia de una injusticia. La cometida primero por el Estado Español, que primero colonizó una tierra durante años para explotarla en su propio beneficio, para luego abandonarla a su suerte.
Y es que el proceso de descolonización del Sáhara resulta vergonzante. Es la crónica de un abandono de todo un pueblo a su suerte, forzando un conflicto bélico y obligando al exilio a miles de personas en 1975, que aún hoy día siguen viviendo en los campamentos de Tindouf, en la zona más dura del desierto argelino, que podéis ver aquí.
Se estima que, en la actualidad, 165.000 saharauis permanecen exiliad@s, extranjeros en mitad de ninguna parte y sin poder volver a la que es su tierra. Miles de niños y jóvenes han nacido y sólo conocen la existencia del campamento de refugiados, excepción hecha de las temporadas de vacaciones que solidariamente les ofrecen personas en el Estado Español.

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Mientras tanto el gobierno marroquí mantiene la explotación de las minas de Fosfatos de Bou Kraa y otorga concesiones sobre unos bancos de pesca, cada vez más esquilmados, que no le pertenecen.
Al mismo tiempo persisten las denuncias sobre violaciones de los derechos humanos, que se agudizaron durante la llamada Intifada saharaui de 2005. Los pobladores saharauis que aún resisten en ciudades como Laayoune muchas veces sufren persecución política, detenciones arbitrarias y la mínima manifestación, por pacífica que sea, es reprimida.
Asimismo persiste la denuncia de otra lacra de esta zona como es la existencia del muro que separa la zona liberada por el Frente Polisario y la zona controlada por Marruecos. En esta zona hay, según informes de organismo oficiales  e independientes, al menos cinco millones de minas antipersona, prohibidas por la normativa internacional.
Ya lo dije otro día, viajar también es comprometerse, “mojarse”, no sólo mirar.
Plano de la zona amurallada


Marrakech en dos miradas

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En la Medina de Marrakech

Marrakech es una ciudad muy hermosa, aunque algunos de sus habitantes, con la costumbre de intentar venderte lo que sea y a ser posible por el triple de su precio, la pueden convertir a veces en un lugar un tanto hostil para el turista desprevenido.
También hay otra Marrakech, que encontré un poco de casualidad. La Marrakech opulenta de los clubs privados, las pistas de tenis y los restaurantes exclusivos. A un paso del tipismo de la Medina o la plaza Djema el Fnaa, pero no menos real.
Pero, puestos a quedarme con algunos rincones de esta ciudad, me quedo con un cafécito en una terraza de la Plaza Foucauld, con un paseo por alguno de sus parques o con su caotica combinacion de beduinos mezclados con oficinistas de traje y corbata. De mujeres enlutadas con jovencitas en vaqueros y con ese bullicio que solo descansa un poco a las ardientes horas del mediodia.
Y sigo mi lento camino. 14 horas de bus y un jueves de montar mi bici, conseguir provisiones y disponerme al largo camino hasta Dakhla, donde el Sàhara mira a Mauritania.

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Marrakech es rojo y anaranjado.
Y esa luz....
Todo en regla

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Pasaporte, papelote y bici
El gendarme que sube en la frontera terrestre de un pais que no existe (No olvidemos que el Sàhara no es un territorio independiente), cerca de Tarfaya, huele a pescado.
Una primera inspeccion de pasaporte para mi solito, haciendo perder tiempo al resto del bus que se lo toman con humor. Anota mi profesion y sonrie. De hecho parece estar de excelente humor.
A la llegada a Laayoune la cosa no es tan amable. Justo a la entrada espera el control milititar que identifica a todos los pasajeros y revisa el equipaje. Les gusta mi bici. Doy el papelito de "guiri" turista que viene a estas tierras a ver quién sabe qué. No se entretienen porque es la burocracia habitual. Me quedo mi copia y el conductor la suya, que debe entregar en el siguiente puesto.
Eso si, no sé qué han entendido porque anotan en mi profesion fontanero, tras un rato un tanto surrealista ayudado por el amable Ahnmadàn, saharaui residente en Madrid que viene de visita familiar, conseguimos resolver el entuerto.
Todo en regla. Por fin estoy en Laayoune tras la odisea autobusera.

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En Laayoune no solo hay atascos de coches
La mezcolanza de idiomas que habla la gente en Laayoune es mareante.
Esta ciudad es aparentemente normal, sin atractivos turisticos. Pero desde un primer momento te das cuenta que hay cosas que no cuadran, como por ejemplo los coches oficiales de la ONU recorriendo las calles, o que las patrullas policiales recorran la ciudad con las ventanas enrejadas permanentemente.
Cualquier amable vecino te para con la intencion de hablar un poco de castellano. Muchos hablan de esta tierra como Sahara, nunca como Marruecos, algo que, por supuesto, está prohibido.
La ciudad es un tanto destartalada, aunque Marruecos ha invertido en la restauracion de varias calles y avenidas. Hay pocos vehiculos, pese a lo cual el trafico en el centro es caótico.
De la colonizacion española es bien poco lo que queda. Canarias es el lugar donde todos quieren ir a trabajar. Piensan que se puede hacer dinero rapido con los turistas.
Mohamed toma un te conmigo. Su esposa es de Lanzarote, me cuenta, aunque de origen saharaui. Trabajo varios años con los camellos en Las Palmas, pero ahora eso ya no da mucho. Ahora tambien tiene camellos pero aqui.
Otro rato sigo. Me espera la cena y un rato de te indolente en algun cafetin.