sábado, 24 de octubre de 2015

Cicloturismo balcánico 6ª etapa Cañon del Piva-Miljevina 58kms

Con leve mejoría del tiempo seguí descendiendo el cañón del Piva hasta su confluencia con el río Tara, lo que da lugar al nacimiento del Drina, inmortalizado por la novela de Ivo Andric, un libro totalmente recomendable.


El nacimiento del Drina, visto desde Zadragje


Un río que nace prácticamente en la frontera de Bosnia Herzegovina, que crucé tras un momento especialmente amable, cuando recalé en un bar de trabajadores en que me invitaron al café, me dejaron ducharme y encima firmé en un peculiar libro de visitas.
Antes de ello visita de nuevo al monasterio de Zagradje y vista de otra hermosa panorámica.
El cruce de la frontera me dejó realmente perplejo. En primer lugar por la frontera en sí: un pontón de madera y una garita viejuna.



Monasterio de Zagradje

Frontera bosnia

Y tras ella una carretera que decía ser nacional y que se encuentra en un estado totalmente lamentable. Muchos baches y parcheada por todas partes. Además sin quitamiedos, pese a que a menudo circulaba junto a precipicios y terraplenes considerables. Lo que los fríos datos afirmaban empecé a verlo en persona, me hallaba en un país menos desarrollado económicamente.





Vista del firme de la carretera nacional

La carretera me llevó a lo largo del Drina atravesando una zona en la que la despoblación tras la guerra de Bosnia había hecho mella. Se veían con frecuencia edificios dañados, abandonados y también cementerios musulmanes criando hierbajos.
Me hallaba en la llamada República Srpska, territorio donde la limpieza étnica contra los musulmanes por parte de los serbios fue especialmente dura y en la que casi no quedan enclaves musulmanes de importancia, excepción hecha de Gorazde.
En esta entidad subestatal también se halla Srebrenica, tristemente célebre por la masacre de 1995.
Otro lugar de infausta fama durante la guerra de Bosnia fue Foča, ciudad en la que recalé a eso del mediodía, tras un recorrido tranquilo, pero amenazando lluvia.




Vista general de Foča


Foča, llamada por muchos de sus habitantes Sbrinje (lugar de los serbios), es hoy una ciudad con un centro restaurado y unos barrios muy deteriorados en los que se masca la pobreza y un nada disimulado nacionalismo serbio.
Esta ciudad fue el triste escenario de violaciones masivas a mujeres bosnias internadas en campos de detención y existen 2.704 casos de desapariciones durante la guerra.
La aspiración de una parte de la provincia es incorporarse a Montenegro, hasta el punto de que hacen publicidad turística conjunta y llegan a incluirse en el mapa de la república vecina.


Emblema nacionalista serbio


De la presencia bosnia en la ciudad quedan algunas lápidas de estilo otomano decorando los parques y poco más. Hubo un tiempo en que todos convivían, hace tan sólo 30 años, pero parece que hayan pasado siglos. Las mezquitas fueron voladas y algunos de los edificios que resultaron dañados durante la guerra siguen allí como testimonio de un horror muy cercano.





Seguí camino y terminé llegando a la pequeña ciudad de Miljevina, dedicada a las minas y a la industria de la madera. Ciudad fea, pero con una pensión y bungalows muy económicos y gente amable. Empezaba a llover, así que hubo que buscar refugio.
Al día siguiente me iba a poner como una sopa, pero la noche con la lluvia me sirvió para leer un poco sobre todo lo acontecido en esa zona durante una guerra de cuyo final se cumplían entonces 20 años. Una nada desdeñable colección de atrocidades que se han solucionado con varios grupos religiosos segregados totalmente entre sí y separados físicamente. Tendría tiempo de comprobarlo in situ.

La ruta del día, sin el desvío al monasterio Zagradje


miércoles, 21 de octubre de 2015

Cicloturismo balcánico. 5ª etapa: Vir-Cañón del Piva, 76kms

Tras tanto subir montañas recorriendo Montenegro, por fin me tocó bajar, en medio además del alucinante paisaje que conduce a la frontera con Bosnia-Hercegovina.
Fue una etapa de vértigo, durante buena parte de la que bordeé gargantas y barrancos con cientos de metros de caída que cortan la respiración en el entorno de los ríos Pivo y Tara.
Todo ello con el Parque Nacional Durmitor al Este, bosques y un clima que fue empeorando.
La despoblación se fue haciendo evidente y la única localidad destacable que atravesé en toda la jornada fue Pluzine, con sus 1500 habitantes.



Parque Nacional Durmitor


El pueblo de Pluzine con el embalse al fondo


Toda la provincia norteña de Montenegro tiene una exigua población de 5 habitantes por km2. La zona es muy abrupta, con un clima frío, montañas de más de 2000ms  y toda su actividad económica se centra en algo de turismo, ganadería y madera. Una economía casi de subsistencia que conocemos muy bien en Aragón y que propició el abandono también de tantos pueblos...




Ha contribuido a esa despoblación la construcción de grandes obras hidráulicas, que anegaron parte de las tierras fértiles de los valles.
Pero en un entorno tan duro me crucé con gente especialmente amable, empezando por el artesano Aleksandar al que me encontré en la carretera y con el que compartí café, bocata y una agradable conversación. Me recomendó el viaje hacia Serbia, pero no estaba en mis planes. Otra vez será.



Luego coincidí con dos aguerridas cicloturistas que estaban haciendo el camino en dirección contraria a la mía. Espero que les fuera bien. Lo que yo iba bajando ellas aún tenían que subirlo.
Y más tarde, en Pluzine, con un café a la orilla del embalse que baña el pueblo, me contaron algo de la historia de las carreteras que transitan por la zona, las minas... Una tierra dura, en definitiva, llena de gente majísima.


Entre unas conversaciones y otras terminé llegando de noche cerrada a un bosque donde montar la tienda y pasar la fría y húmeda noche, pensando en los osos y lobos que habitan el cercano parque nacional. Me aseguraron que no se veían mucho, pero uno no las tiene todas consigo.
Pretendí estar alerta, pero lo cierto es que me dormí como un tronco.





viernes, 16 de octubre de 2015

Cicloturismo balcánico 4ª etapa: Sv Dimitria-Ostrog-Niksic-Vir 70kms

Tras levantarme en un monasterio fui a parar a otro: Ostrog.
Otra vez una carretera secundaria llena de curvas y cuestas (ya iba cogiendo la costumbre) me llevó en paralelo a la vía del tren y un paraje, rodeado de bosque, desde el que se iban intuyendo las altas cumbres del Norte del país.












Una nueva sudada y llegada al complejo monástico de san Basilio de Ostrog, que pasa por ser el lugar más importante para los cristianos ortodoxos montenegrinos.
Fundado por un tal Vasilije, que terminaría siendo san Basilio y cuya momia puedes pasar a tocar in situ, la ubicación del Monasterio de Ostrog es realmente espectacular. Un edificio pegado a una pared vertical en lo alto de una montaña desde la que se dominan todos los alrededores.
Pero aunque el monasterio es propiamente ese edificio, en realidad Ostrog es bastante más.
Por lo pronto es una comunidad monástica que vive al pie del monasterio y que es bastante numerosa.
En el momento en que yo llegué estaban preparando el mosto de la reciente vendimia y llenando barricas con él.




También había bautismos simultáneos en una carpa, peticiones a santos y vírgenes y toda una pléyade de monjes y popes para atender los deseos espirituales de los cientos de peregrinos. Tampoco faltaba el agua bendita, que se cogía directamente de una fuente, ni la tienda de merchandising diverso y velas.





Acostumbrado a los excesos folklóricos de la Iglesia Católica tampoco me sorprendió tanto como a algún otro turista extranjero que lo encontraba very geek.
Lo que resultaba probablemente más sorprendente era la intendencia montada para alojar a los cientos de peregrinos en el mismo Monasterio, a base de mantas y colchonetas. Habida cuenta además del frío que puede llegar a hacer en la zona, incluso en septiembre.

Tras la visita, una rauda bajada hasta un restaurante para saborear un auténtico ladrillo de comida tradicional: kacamak. Un par de pelotones de polenta con carne picada y queso, acompañados de medio litro de yogur. Difícil pedalear tras el empacho y siesta obligada.


Kacamak, empacho asegurado


El trayecto hasta Niksic, segunda ciudad del país, fue fácil y la visita me tomó la tarde.
Niksic es una ciudad muy adecuada para pedalear. Completamente llana, con carriles bici y zonas peatonales.



Algunos rincones de Niksic

Como las otras ciudades del país, lo más interesante de Niksic, sin duda, eran sus extensos parques. Verdaderos bosques en los que los lugareños aprovechaban para hacer deporte, pasear y degustar la cerveza más consumida de Montenegro, que se produce justo allí: Niksico.
Merendola ligera tras la comida feroz y otra corta pedalada que me llevaría a un camping en el tranquilo pueblo de Vir. Me apetecía campo. Ya tendría tiempo de conocer ciudades.






miércoles, 7 de octubre de 2015

Cicloturismo balcánico 3ª etapa. Cetinje-Monast. Sv Dimitria 82kms

Perdiéndome y encontrando caminos podría resumirse esta peculiar etapa en la que aprendí que el término carretera secundaria en Montenegro equivale, más o menos, a camino de cabras en mi realidad cercana.
Intenté evitar la carretera saturada de tráfico que discurre desde Cetinje a Podgorica y lo conseguí, a costa de andar dando vueltas por unas carreterillas mal señalizadas y en las que era difícil hacerse entender con los escasos lugareños que encontré.
A cambio obtuve aire puro, tranquilidad absoluta y unas vistas privilegiadas de la realidad agrícola de un país que estaba empezando la vendimia y recogiendo madera para el duro invierno montenegrino.




La etapa discurrió entre viñedos, olivares y con breves tramos por la carretera principal, que no recomiendo en absoluto porque está llena de camiones y conductores irresponsables. Aclarar que  ese movimiento se debe a que conduce a Albania y el Oeste de Grecia también y añadir que carece de arcenes en su mayor parte, pese a su intenso tráfico.



Lago Skadar visto desde lejos. Pensé que era el mar.

Tras desviarme de la ruta principal empecé un sube-baja de carreteras llenas de gravilla que me llevó por pueblos diminutos hasta varios caminos sin salida, teniendo que desandar en alguna ocasión algún que otro km.









Momentos a lo largo del camino...


Gracias a un amable viticultor, que me señaló en el mapa la ruta y me dijo por dónde cogerla, llegué a las afueras de Podgorica.

Podgorica de lejos

Evité conscientemente la capital del país, que todo el mundo señala como un lugar feo e impersonal (las afueras desde luego no eran muy prometedoras) y empecé de inmediato a remontar hacia el Norte, ya con un tráfico más sosegado hasta Danilovgrad, donde visité su escuela de escultura y algunas de las obras que se esparcen alrededor de la tranquila ciudad.




Danilovgrad

Tierra de ríos, que descienden de las altas montañas del norte del país, terminé remontando y acogiéndome a sagrado, como en tiempos pretéritos, pues dormí en un espacio dispuesto en el Monasterio de Sveti Dimitria.



Monasterio de Sv Dimitria. Buen lugar para dormir

En los países balcánicos en frecuente encontrar las vallas abiertas de los recintos monásticos, donde suele haber agua corriente y, como poco, algún techado donde tumbarse a descansar.
Una gozada hacerlo en este lugar, donde me despertó un agradable amanecer para seguir camino hacia otro monasterio más célebre, sobre todo en Montenegro: Ostrog.


martes, 6 de octubre de 2015

Cicloturismo balcánico. 2ª etapa Kotor-Cetinje. 49kms

Ponerse retos no está mal, pero lo del subir el puerto que remonta la Bahía de Kotor hasta obtener la más increíble vista de la zona, no es precisamente un reto fácil y menos aún con bicicleta y alforjas.
Hay que tener en cuenta que en menos de 15kms hay que desnivelar hasta 890ms de altura sobre el nivel del mar, partiendo de la misma costa, lo que, con un calor considerable, terminaría siendo una pequeña hazaña que contar.
Pero bueno, dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que os dejo con una vista aérea de parte del puerto que da idea de la magnitud de la subida.
No vendría mal, por cierto, algún que otro quitamiedos en determinadas zonas, en las que supongo las autoridades debieron pensar que ya pararán tu eventual caída los árboles.


Bueno, tampoco es cuestión de hacerse el mártir, porque hay que reconocer que mi subida del puerto fue acompañada en todo momento de los ánimos de turistas, moteros y lugareños que se iban cruzando en mi camino y me veían sudando la gota gorda con mis alforjas, ya un poco más ordenadas que el primer día.
El paisaje es imponente en todo momento y ayuda a ello ir rodeando constantemente el Parque Nacional Lovcen, muy valorado por los montenegrinos, que me reprocharon habérmelo perdido.
Una vez arriba te encuentras con un paisaje soberbio, vista general de toda la Boca de Kotor e incluso, en la lejanía, se aprecia la ciudad de Budva.








Distintas panorámicas subiendo el puerto desde Kotor.
 Para el próximo viaje, mejor cámara...

Descanso y conviene abrigarse un poco para la vertiginosa bajada hasta la preciosa pradera en la que se encuentra el pueblo de Njegusi, localidad histórica rodeada de montañas y donde se puede comprar a precios muy razonables vino, jamón (Prsut) y queso (sir). El vino, en mi opinión, solo pasable, pero hay que reconocer que algunas variedades del jamón montenegrino poco tienen que envidiar a algunos productos españoles, aunque su aspecto exterior es bastante menos apetitoso.





Vista de Njegusi, volviendo a subir



Variedad de esquelas balcánica ¿Se siente usted más marxista, cristiano, musulmán 
o prefiere no definirse?

Por si me había parecido poca subida, aún tuve que remontar unas cuantas rampas más, algunas de ellas hasta del 10% desde Njegusi hasta otra vertiente de los Alpes Dináricos, nombre que recibe esa zona de la cordillera, que me dejarían en una nueva cumbre pelada.
Destacar la simpática parada de un mini-bus de turistas franceses que me regalaron una botella de agua, tras haber coincidido varias veces a lo largo de la ruta.


Merci beaucoup!

Y para finalizar la etapa había que descender parte de lo ascendido, así que emprendí una bajada de casi 15kms, intentando controlar la velocidad, hasta la apacible Cetinje o Cetiña, antigua capital de Montenegro.
Cetinje es un lugar curioso. Una ciudad de 14.000 habitantes que fue un refugio diplomático a principios del siglo XX, época de la que conserva al menos una decena de esplendorosos edificios. Misiones diplomáticas de potencias extranjeras, algunas muy bien conservadas y otras en un estado deplorable como la legación rusa, que construyeron edificios en los estilos de la época: Modernismo, Decó... y alguna de ellas hortera hasta decir basta.
También son muy destacables otros edificios de la ciudad como el peculiar museo y palacio llamado del Billar o el Monasterio de san Pedro, que contiene la mano (o dicen que lo es) de san Juan Bautista. Yo hice la cola correspondiente para verla, pero me abstuve de besuqueos y adoraciones al macabro miembro, al que le faltan además dos dedos.
Tampoco está mal echar mano de Wikipedia y enterarse, por ejemplo, de quién fue Ivan Crnojevic o el Rey Nikola I de Montenegro, único monarca que tuvo este pequeño país y que está enterrado en Cetiña.














Ceintje/Cetiña

Pero lo mejor de Cetinje, en mi opinión, son sus parques. Extraordinariamente bien cuidadas, en la ciudad hay decenas de hectáreas de zonas verdes que parecen formar parte del entorno de la misma: bosques y montañas que aparecen mires hacia donde mires.
Una idea para alojarse son las habitaciones particulares. Ayudas a una familia y te da idea de cómo vive la gente, pues es en una casa y puede ser en hasta en la habitación del matrimonio, como me sucedió a mí.



Detalles de la habitación donde pernocté


El inconveniente es hacerse entender, pues en Montenegro me resultó muy complicado encontrar gente que hablara algo de inglés, con lo que me tuve que arreglar con las 15-20 palabras que conozco de ruso, que sí es hablado por mucha gente y es similar al montenegrino.
En todo caso una visita que me sorprendió para bien, aunque tuve que hacerla con el cuerpo un poco molido.